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EL TORRENTE DE BESOR

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Las “ Aguas refrescantes y buenas noticias de Victoria ” 1 Samuel 30:9- “Inmediatamente David se puso en camino con los seiscientos hombres que le acompañaban, y llegaron al arroyo de Besor. Allí se quedaron 10-doscientos hombres que estaban muy cansados para cruzar el arroyo, y con los otros cuatrocientos continuó David la persecución “ Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día, los Amalecitas habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado y prendido fuego a Siclag. Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí desde el menor hasta el mayor, pero a nadie habían dado muerte, sino  que se los habían llevado al seguir su camino Esta última frase retuvo mi atención “pero a nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino” Los AMALECITAS, son espíritus merodeadores. Merodear : 1-Ir una persona con asiduidad por un lugar para curiosear, o buscar a una persona o a una cosa. 2- rondar por los alrededores de

CIUDADES LLENAS DE MILAGROS!!




Hay ciudades que se hicieron muy famosas y de renombre a causa del Mover Milagroso del Señor en ellas. Ciudades que quedaron marcadas en las generaciones que vieron u oyeron sobre ellas.

Ciudades cuyo flujo de visitantes hicieron que se incrementaran sus beneficios en todo sentido.

Dios tuvo mucha consideración hacia ellas, al sacarlas del anonimato y llevarlas a ser vistas por las naciones.

En los tiempos de Jesús hubo ciudades llenas de Milagros pero que dijo Jesús acerca de ellas.


Mateo 11:20 “ Luego Jesús comenzó a denunciar a las ciudades en las que había hecho tantos milagros, porque no se habían arrepentido de sus pecados ni se habían vuelto a Dios.” 

Jesús denunció a las ciudades, ¿Por qué causa? 

Porque habiendo recibido la bondad de Dios sobre sus calles no tuvieron arrepentimiento. 

Las ciudades están habitadas por personas, familias, es verdad, y es verdad que las ciudades son conforme las personas que viven en ellas, pero también las ciudades tienen un alma para Dios y serán llamadas a juicio, por causa de su dureza de corazón. 

Dice que esas ciudades recibieron esos milagros, no los rechazaron. 

No dijeron -¡No queremos milagros de Dios! 

El alma de las ciudades habla, se hace entender viéndolas cómo va su destino, y hacia dónde van. 

Jesús reprende a todos los pueblos que se abrieron, y tal vez pidieron ser visitados por Dios para recibir milagros. 

Les está diciendo que recibieron pero que no se convirtieron a Dios. 

Todos quieren las cosas hechas por artes mágicas, y a veces confunden los milagros con ello, piensan que los milagros vienen de la misma manera, y no necesitan atarse a quien se lo de, lo pagan y listo. O lo reciben lloran un poco y luego a otra cosa, mañana si necesitan otro milagro lo buscaran de la misma forma. 


El milagro es para que puedan creer en Dios, y viendo, se conviertan. 

El milagro no transforma pero habla de Dios, a fin de que viendo, crean. (Juan 14:11) 

El milagro es para que el temor de Dios pueda entrar en una ciudad y los que viven en ella, se arrepientan. 

EL milagro es para que siendo tocados por el amor de Dios, se ablanden los corazones y cambien de dirección, acercándose a Dios. 

El milagro es para cambiar el destino hacia donde están yendo y se vuelvan a Dios. 

Los incrédulos se resisten a los milagros, pero si los que los reciben no se arrepienten de sus pecados son iguales a los incrédulos, aunque los hayan recibido. 

¡¡Jesús veía que ni se arrepentían de sus pecados ni se volvían a Dios!! 


Mateo 11:21 “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si se hubieran realizado en Tiro y en Sidón los hechos poderosos que se realizaron en ustedes, ya hace tiempo se habrían arrepentido en saco y ceniza.” 

Jesús dice que hay algunas ciudades que recibieron más que otras. 

Es así como también hay muchas personas que recibieron unas más que otras. Hay familias que recibieron más que otras, como relata la historia de Lázaro y el rico, en Lucas 16: 19 El rico había recibido bienes en esta tierra mientras el pobre mendigo casi nada. 

Así muchos hemos recibido hoy tanto de Dios y otros tan poco, pero ¿Qué haremos con lo que hemos recibido? Mejor dicho ¿Qué quiere Dios y por qué nos da sus milagros? 

Bueno aquí nos lo dice muy claramente. 

Los milagros son para que conozcamos a Dios, que creamos en él, que nos arrepintamos dejando el pecado y nos convirtamos de todo corazón a él. 

Cada vez que una ciudad, una familia, una persona, hijo o hija de Dios recibe una demostración de un Hecho poderoso de Dios en su vida queda más comprometido con la verdad y los caminos del Señor. 

Dios sabe que a los que más se les ha dado más se le demandará, porque los otros que menos han recibido fueron más fieles, cambiaron su forma de vida y obedecieron a Dios, habiendo recibido menos que aquellos. 


Mateo 11:22 “Por tanto os digo que en el día del juicio, habrá más tolerancia para Tiro y para Sidón, que para vosotras. 

Esa frase “Por tanto os digo” es como decir “Queda establecido” “Es seguro que esto ocurrirá” que no le irá bien en el día del Juicio, aunque haya otras ciudades peores que ellas, pero que si hubieran recibido los milagros que se hicieron en ellas, habrían cambiado su manera de vivir y habrían obedecido a Dios. 




Recibir un milagro, vivir recibiendo milagros, nos hacen sentir privilegiados, las ciudades que se ganaron la fama y fueron visitadas por el mover de milagros dentro de ellas, se sintieron privilegiadas y en verdad lo fueron y lo son, pero no debemos confundir privilegio con tolerancia de nuestros pecados, por que con milagros o sin ellos seremos llamados a juicio por nuestros pecados y falta de obediencia a Dios. 

Los milagros no son nuestra salvación, ni nuestras justicias, ni nuestros justificantes para continuar una vida de pecado y de rebeldía a los principios de Dios, sino que debemos entender que cuanto más recibamos más comprometidos estamos con la Bondad de Dios y en su paciencia de guiarnos a alejarnos del pecado y caminar en obediencia a ÉL, quien es el Hacedor de Milagros. 

Dios te bendiga.
Pastora Sara Olguín





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