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CUANDO QUEDEN MIS RECUERDOS

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Llegará un momento, un día en que ya nuestras fuerzas habrán alcanzado su máximo. En que nuestros ojos ya habrán visto lo suficiente, y estarán agotados. Nuestra voz será tenue y débil. Nuestros pasos disminuirán y pasaremos nuestros días en quietud, en reposo; solo nuestra mente será la que se mueva, tantas veces irá más rápido que nuestra voluntad, de querer andar, tocar y decir.  ¿Hemos pensado alguna vez en esto?  Que cuando todo en nosotros haya perdido su vigor, nuestra mente aún conservará nuestros recuerdos.  ¿Qué son nuestros recuerdos?  Toda nuestras vivencias, todo lo que hemos vivido junto a todos aquello que se relacionaron con nosotros, que dejaron marcas buenas o malas, con quienes hemos hecho la mitad de cosas en nuestras vidas, recuerdos que serán agrios, dulces, fuertes, débiles, de alegría o de gran tristeza.  Muchas veces me quedé observando a los ancianos.  Y a veces veía a algunos de ellos, con sus miradas idas, y de sus ojos salían lágrimas.  Yo pen

JESÚS ¿POR QUÉ NO ESTUVISTE AQUÍ?

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                                                                                                               San Juan 11:3- Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Las hermanas, Marta y María,  enviaron un mensaje diciendo: ¡Señor, tu querido amigo esta gravemente enfermo! Pero nada más. ¿ Acaso le dijeron: - ¿Ven pronto? ¡No! Nosotros nos preguntamos porque no fue Jesús rápidamente a ver a su amigo, y  si bien el resto del relato nos hace entender el Plan de Dios con Lázaro y esta  enfermedad, también vemos las actitudes de “los que esperamos de Dios  grandes hechos a nuestro favor, pero muchas veces,  exigimos que lo hagan sin  que nosotros hablemos,  pidamos o le llamemos a nuestra situación, o a nuestras  vidas.” Pensamos que Dios lo tiene que hacer sí o sí porque Él dijo que nos ama. Sí, su amor es tan profundo, ancho e inextinguible que no alcanzamos a comprenderlo, pero lo exigimos. No nos preguntamos o no n

VAYAMOS DONDE DIOS NOS MANDE!

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                                                             Hechos 8:26                                                   Jesús habló a Felipe, y lo mandó hacia el  S ur por un camino, aquel que iba de Jerusalén a Gaza, que pasaba justamente por “un Desierto” Si notamos en la biblia, en sus historias, todo lo extraordinario de Dios sucede casi siempre en un desierto. Donde no hay nada, de lo que el hombre pueda tomar y hacer algo  ¡eso es un  desierto! El lugar donde no tenemos recursos de ningún tipo, y ni siquiera nos sirve nuestra creatividad, o nuestras ideas salvadoras. Jeremías 3:21- 22 Por esto pudiera Felipe haberse negado, pues venía de vivir sucesos, milagros y conversiones en Samaria, sin embargo él obedeció y algo extraordinario sucedió. Hechos 8:28 Di ce que en un carro venía descendiendo de Jerusalén un Etíope, pero éste venía leyendo al profeta Isaías. El

LA ESPERA EN EL APOSENTO ALTO

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  El secreto de lo que sucedería en el Aposento Alto, estaba en la Espera. Hechos 1: 4 Cuando todavía estaba con los apóstoles, Jesús les advirtió que no debían irse de Jerusalén. (Les dio la palabra cuando estaba con ellos, ¿para qué se las dio? Para que pudieran tener confianza en él, mientras el volvía. Para que supieran que él ciertamente volvería, si esa promesa se cumplía entonces ellos debían confiar ciegamente en su regreso) Les dijo – Esperen a que se cumpla la promesa que mi Padre les hizo, de la cual yo les hable (Lucas 24:49) Hechos 1:5- Es cierto que Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo . La espera es el método de Dios, para aprobar o desaprobar, para acercar o separar, para llamar o alejar. Dios les había dado la Promesa, no de que sería restablecido el reino de Israel sino de lo que él Padre sabía que tenían que recibir para poder anunciar desde Jerusalén hasta lo último de la tierra, lo que había acon

FESTEJA A CRISTO EN TUS DESIERTOS

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                                                                                  En la vida del Justo hay no uno, sino muchos desiertos, a los cuales entramos y de los cuales salimos transformados. Que nunca deje de ser Cristo el motivo de tu alegría, para que cuando hayas entrado a tu propósito sigas celebrándolo a Él. Éxodo 13:1-10 Nos preguntamos ¿Y por qué nos lleva tantas veces al Desierto? Hay un primer desierto, y es aquel al cual entramos apenas fuimos liberados del poder de las tinieblas y llevados al reino del amado Hijo de Dios, Jesucristo. Colosenses 1:13 Los demás desiertos a los cuales hemos entrado ( tal vez estás en uno de ellos ) son en diferentes y para diferentes etapas de nuestro largo camino a la meta final. 1 Pedro 1:9- obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. Ahora algo interesante e importante es comprender que una de las principales cosas que espera Dios de nosotros en el Desierto es que le hagamos fiesta en el Desier

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