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Mostrando entradas de noviembre, 2013

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LAS LLAVES DEL HIJO DE DIOS

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   ¡¡Las llaves de los Hijos de Dios, son revelaciones del reino de Dios!!! San Juan 10:9 - Yo soy la puerta del reino de Dios: cualquiera que entre por esta puerta, se salvará; podrá salir y entrar, y siempre encontrará alimento Yo soy la Puerta.   Una puerta que faltaba para entrar al Reino de Dios, al Gobierno de Dios, a la comunión con Dios, el Creador. Así también dijo Jesús Yo soy el camino que lleva al Padre ( San Juan 14:6 ) El pecado nos había alejado de Dios. Nacimos en pecado, vivíamos en pecado.  Nos extraviamos y nos perdimos. ¿Cuál era el camino para encontrar a Dios? ¿Las religiones, las buenas obras, las disciplinas espirituales, olvidarnos de ÉL? Estábamos en pecado, perdidos y la oscuridad estaba en nosotros ( Isaías 9:2- El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos) Necesitábamos Luz, necesitábamos un camino hacía la salvación, un camino que nos volviera a Dios, y la posibilidad de entrar

UNA MANERA DE PENSAR VENCEDORA.

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Cantar de los Cantares 1: 5- “Morena soy, pero hermosa, hijas de Jerusalén; morena como las carpas de Cedar, hermosa como los pabellones de Salmá. 6-No se fijen en mi tez morena, ni en que el sol me bronceó la piel. Mis hermanos se enfadaron contra mí, y me obligaron a cuidar las viñas; ¡Y mi propia viña descuidé! La Sulamita dice: -es verdad que perdí el blanco atractivo de mi piel, es verdad que parezco solo un objeto de uso como las carpas de Cedar, pero yo sé: que soy hermosa. Yo veo aquí, a una mujer que se vio obligada por sus parientes, por el destino, por las circunstancias que le vinieron en suerte, a tener que dedicarse a cuidar a otros, a trabajar por otros, pero que no perdió su autoestima. Que no por no haber podido concretar sueños y etapas en su vida, se desvalorizó.  No perdió el sentido de la verdadera belleza, y de su verdadero valor. El pensar de esta manera le hizo actuar de una manera diferente y vencedora, porque no perdió: el fruto de su sacrificio.

CUIDA EL LUGAR QUE DIOS TE DIO

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El lugar que yo quería . Que feo lo que sentimos cuando observamos de lejos el lugar que habíamos soñado, ser ocupado por otra persona. Una mezcla de fracaso, dolor, tristeza por la pérdida, y una sensación de que algo nos quedó incompleto.  Como sí nos hubiera faltado un miembro a nuestro cuerpo, por lo que no fuimos aceptados.  Todo esto, hasta que por fin lo superamos,  no nos es agradable.   El lugar que yo tenía. ¡Ah esto es otra cosa!, y más doloroso que lo anterior.  Haber sido elegido y perder ese lugar, ya es mucho más traumante, que no haberlo alcanzado. Luchar por lograr un objetivo es como remar contra las olas; subimos y bajamos, vamos hacia adelante y hacia tras,  las olas son la causa y en un momento las venceremos.  Esa lucha nos mantiene en línea, atentos, vigilantes, mejorándonos constantemente, trabajando día y noche para ello. Mientras que, alcanzar un objetivo, llegar a obtener aquello por lo cual luchábamos, no es igual a remar contra las olas; ahora

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