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CUANDO QUEDEN MIS RECUERDOS

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Llegará un momento, un día en que ya nuestras fuerzas habrán alcanzado su máximo. En que nuestros ojos ya habrán visto lo suficiente, y estarán agotados. Nuestra voz será tenue y débil. Nuestros pasos disminuirán y pasaremos nuestros días en quietud, en reposo; solo nuestra mente será la que se mueva, tantas veces irá más rápido que nuestra voluntad, de querer andar, tocar y decir.  ¿Hemos pensado alguna vez en esto?  Que cuando todo en nosotros haya perdido su vigor, nuestra mente aún conservará nuestros recuerdos.  ¿Qué son nuestros recuerdos?  Toda nuestras vivencias, todo lo que hemos vivido junto a todos aquello que se relacionaron con nosotros, que dejaron marcas buenas o malas, con quienes hemos hecho la mitad de cosas en nuestras vidas, recuerdos que serán agrios, dulces, fuertes, débiles, de alegría o de gran tristeza.  Muchas veces me quedé observando a los ancianos.  Y a veces veía a algunos de ellos, con sus miradas idas, y de sus ojos salían lágrimas.  Yo pen

¿QUÉ VIENES A RECORDARME?

1 Reyes 17:18 " Entonces la viuda le dijo a Elías -¿qué tengo yo que ver contigo, hombre
de Dios? ¿ Has venido a recordarme mis pecados y a hacer que mi hijo se
muera?.."

Este versículo esta mañana saltó fuertemente a mis ojos, enseñándome más cosas escondidas en el corazón del hombre.
Empezando por sus temores.
El hombre esconde dentro de sí dos temores :  el de la Culpa y del Castigo.
  • El hombre no quiere tener Culpas ni sentirse Culpable.
Sentirse culpable lo hace merecedor de un castigo, de una punición. Entonces adopta una actitud:  esconder todo aquello con lo cual lo acuse su conciencia.

La Palabra de Dios nos enseña muchísimo acerca de esto  a fin que podamos entender, entendernos y ser libres.

En Genésis 3: 8 al 10. específicamente en el 10b, Adán confiesa haber sentido: miedo.

Miedo de ser culpado, o descubierto, en la culpa que Él ya sabía que tenía por haber desobedecido y por lo cual huyeron, Eva y Él a esconderse detrás de un árbol, cuando escucharon que la Presencia de Dios se les acercaba.
  • Y exactamente así es hoy el Hombre, sabe  que es culpable de aquello que lo acusa su conciencia, pero no quiere ser descubierto en su culpabilidad, tiene miedo al castigo y  también tiene miedo al Castigador, por eso huye, se esconde. 
Claro ya no lo hace detrás de un árbol, pero sí detrás de posturas, actitudes, justificaciones, etc., que le facilita su conciencia.
Así actuamos hoy. 
No vemos lo que hicimos, si dañamos o no, sino que vemos lo que nos harán, es decir el castigo, vemos al castigo nada más.
No pensamos que somos los Culpables de las consecuencias, sino en el Castigador que nos castigó injustamente.

Es decir nuestra mirada esta distorsionada, deforma o tergiversa la realidad de nuestros propios hechos y en vez de mirar lo que hicimos, miramos lo que nos harían. 
Entonces resulta que siempre nos hacen mal, que Dios nos castiga constantemente, que todos están en nuestra contra, pero  que nosotros no hicimos ni hacemos mal ¡a nadie!

Esta Viuda, había recibido por gracia la visitación de Dios en su casa, en la persona del siervo a quién ella llama "Hombre de Dios" pero su reacción hacia él, es decir hacia Dios, era de recelo, de defensiva.
La visitación llegó en el momento mas grave,  que ella y su hijo estaban viviendo. 
Dios se les manifestó como el rocío fresco del verano.
 Me imagino lo que habrá experimentado esa mujer al recibir sin merecerlo esta "salvación", sin ser avisada de que sería visitada por la providencia de Dios, aún sin ella tener relación con este Dios que pertenecía a otro pueblo, a los judíos. 

Creo que muchos de nosotros fuimos salvados imprevistamente en un momento crucial, de muerte, de abandono, de enfermedad, etc., alguien se convirtió en nuestro salvador. 
Que gratitud que nos envuelve hacia esa persona que en el momento justo y más peor, nos extiende una mano.
Cuanto dura esa sensación en nosotros, mientras se lo contamos a otros, nos sentimos elegidos, por la providencia, amparados por Dios y si no lo conocíamos cierto temor de respeto invade nuestro corazón.
A esta mujer la embargó seguramente en el primer momento una alegría que no duró mucho. 
Sus pensamientos correspondieron a un corazón duro, resentido. 
Fue ayudada, pero ahora ¿quién era este hombre para que ella lo tuviera que tener en su casa, comiendo su comida?
 Imaginemonos: Era una viuda, ¿qué cosa significa esto?

 Las viudas eran olvidadas por la sociedad de aquel entonces, a su suerte; al morirse su marido, quedaba despojada de todos los derechos que tenía mientras este vivía. 
Si el marido hubiese tenido alguna propiedad se le quitaba, como si hoy tuviere una jubilación o pensión la viuda no la recibiría. 
No había nadie que la acogiera, ni tenían obligación sus hijos de mantenerla (por eso se les enseñaba a los nuevos convertidos a ser piadosos con las viudas y más aquellos que las tenían en casa) 
Por eso si eran jóvenes lo que podían hacer era volver a casarse, cosa imposible a causa que ya no tenían 3 cosas importantes: la dote de sus padres, la belleza de la juventud y la capacidad de tener hijos.
Así que ser viuda era lo peor para una mujer como lo era, el no casarse y el no haber podido tener hijos; aunque esos hijos no estaban obligados en la viudez como dije a mantenerla. 
Cosa muy diferente en la Ley de Dios tanto sea en el Viejo como en el Nuevo Testamento, en que Dios enseña y establece como tratarlas y apreciarlas. ¡Gloria a Dios!

Evidentemente aunque Elias se quedó todo el tiempo que duró la sequía en su casa, ella no se abría a la bondad de Dios, aún dentro de sí se sentía acusada por sus remordimientos, por sus pecados. 
Pensaba seguramente en cualquier momento esto se terminará y entonces "se me quitará el bien que estoy recibiendo, se me reprochará por la vida de mi hijo y la miá; vendrá este Hombre de Dios a recordarme los pecados que cometí". 
 ¿Podía esta viuda pensar de un modo diferente, habiendo recibido este trato que como dije en aquel tiempo se le daba a las mismas?
 Hoy  nos acercamos a una viuda con compasión, entendiendo el dolor de haber perdido a su amado, al padre de sus hijos, al compañero de su juventud. Pero en aquel entonces se le hacía sentir culpables de vivir. Así que ella no bajaba la guardia, sabía que en algún momento este desconocido y su Dios le pasarían la cuenta.

Y ese día llegó, ella ya lo sabía, lo sabía. 
¡Qué tenía ella que ver con este Hombre de Dios! 
 Ella no lo había llamado. El no era su marido, no se había hecho cargo de ella y de su hijo. 
No estaba ahí por amor a ella, nada los unía. Eran dos desconocidos, él no sabía lo que ella sufría, su soledad, sus resentimientos, los desprecios que sufría. A él no le importaba nada de ellos, solo estaba ahí porque había alimento, nada más! 
Había aparecido en su vida, sí, cierto que milagrosamente los había salvado pero se les quedó en su casa y aunque podía experimentar cierta paz en la atmósfera, ella sabía que no había ningún compromiso entre ellos. 
Que ese hombre que había traído provisión un día se iría como su marido, dejándola desprotegida nuevamente.
  • Además de la culpa de haber quedado viuda, ella tenía otro gran temor: al abandono. Las viudas y todos aquellos que perdieron su seguridad, su protección quedan marcados por el temor al abandono.
Este temor, de ser abandonado produce trastornos en la personalidad del que lo padece, generando  una actitud de dureza, de insensibilidad con la que la mayoría de ellos se protegen contra el sufrimiento de posibles abandonos futuros.

Ella estaba preparada. Si este hombre se iba no le afectaría, podria sobrevivir, nada había cambiado y nada cambiariá. Pero, sucede diversamente a lo que ella temía. En vez de irse el Hombre de Dios, se agrava su hijo y muere.
Y ahí esta ella, gritándole en la cara, lo que guardaba cada día dentro de su alma. "¡Yo no tengo nada que ver contigo! ¿ por qué no te fuistes antes, por qué esperaste hasta que esto sucediera?" Yo sé por qué querías castigarme, a causa de mi culpa. 
Es verdad, Dios no perdona, no se olvida, no cancela la cuenta, me ha hecho pagar con la vida de mi hijo."

 Así reaccionamos  en medio de nuestra tragedia, culpando a Dios. 
El nos castiga. ¿Ahora, nos castigaría sin razón?¿Es injusto Dios? ¿Es el Hombre más justo que Dios?
¿Por qué sucedió esto o mejor dicho para qué?
Quiero mostrar esto que primeramente:
Dios estaba en esa familia, en la persona de su siervo, Dios estaba morando junto a ellos. En esa primera visitación y en su estadía, el milagro que se produjo al salvarlos de la muerte no cambió nada en ella, solo Dios pasó a morar más cerca: Fueron salvados de la muerte y ahora,  Dios estaba con ellos, viviendo.
Pero aún no había luz en su corazón a causa de sus culpas y temores. 
Debia ser liberada. Ella debía conocer a Dios de una manera más profunda, debía ver el carácter de Dios, su amor y su justicia, su fidelidad y su bondad.
Así muchos andan todavía sin vivir en la liberación que da Jesucristo, del temor al castigo y de las culpas del pasado.
La culpa ha sido expiada en la Cruz, Jesús mismo como Cordero de Dios, expió todos tus pecados y con su preciosa sangre lavó tu alma y tu corazón, tu conciencia a fin de que ya nunca más te sientas culpable o condenado. Quien viene al Jesús del madero, puede experimentar esa liberación.
Y lo mismo con el temor al castigo, el tormento que nadie, ni psicologos, ni hipnoticos ni psiquiatras pueden quitar, arrancar, liberarnos solo el Amor de Dios, como dice su Palabra, a sus hijos Dios le da Espíritu de poder, de amor y de dominio propio
2 Timoteo 1:7-Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
A quella mujer, tuvo que vivir o pasar por una dolorosa experiencia para percatarse de quien era el Dios que estaba cerca de ella, tuvo que recibir su amor, su perdón y su liberación para poder declarar lo que dijo en 1 reyes 17:24 -Entonces la mujer dijo a Elías: "Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca"
La palabra es verdad en tu boca, aleluya!
Así puedas recibir hoy cuando leas esta palabra y experimentes liberación de tus culpas y temores al castigo, en el nombre de Jesús, la Verdad que nos hace verdaderamente libres!
Dios te bendiga
Prof Sara Olguín.




Comentarios

  1. Amen Pastora
    Doy gracias a Dios por su Palabra que nos libera y nos lleva a experimentar su amor y ver su verdad en nuestra vida para su gloria.
    Alabo mi Dios por su grande amor!
    Dios los bendiga Pastora Sara ❤️

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  2. Muchas Gracias amada Lorena por tu comentario, muestra de tu asiduas visitas al Blog! Que Dios te siga alimentando, y dando su poderoso crecimiento en la Gracia y su verdad que liberta! Un abrazo en Jesús!

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